viernes, 21 de noviembre de 2014

¿Ego Vs Ser?

“Yo no es una individualidad separada. YO es todos los seres vivientes, del pasado, del presente y del futuro”.
— Alejandro Jodorowsky 

En primer lugar, hablando de ego y ser, no creo que sean opciones excluyentes, pero sí que es necesario establecer un sano equilibrio entre ambas partes, pues mientras caminemos esta encarnación nos sirve poder reconocernos individualmente, pero sin olvidar quiénes somos realmente y de dónde venimos.

El ego surge en el momento que nuestra conciencia se desconecta de su origen, al nacer y en la medida que vamos creciendo se nos enseña a pensarnos separados de la totalidad, y desde esa sensación de separación surge la visión de un yo aparte del Todo, que se concibe solitario y se siente amenazado lejos de la fuente. Gracias al ego logramos individualizarnos, como sujetos, nos separarnos de lo que nos rodea y a la vez se abre la posibilidad de reconectarnos a través de nuestras relaciones afectivas.

El fundamento de la subjetividad, lo que nos constituye como sujetos, es que no puedo decir yo sin remitirme a un tú, no se puede entender una cosa sin la otra, por eso, el yo no es sólo un pronombre personal, sino además es el espacio desde donde podemos trascender y relacionarnos con los demás. En la medida que entendamos a ese yo como una instancia desde la cual proyectamos nuestra voz, y no nos identifiquemos con lo que decimos ser, mantendremos el equilibrio.

Si bien, el ego es una categoría necesaria para construirnos como individuos, y la individualidad es fundamental para la toma de consciencia; no debemos confundir individualidad con individualismo que es irse al otro extremo, donde el yo deja de ser la instancia para conectarse con el otro y se convierte en una cárcel. La conciencia nos permite integrar desde la experiencia personal la existencia, hacer nuestro trabajo personal, propio, pero este proceso no puede estar aislado del resto de la existencia, porque entonces la búsqueda pierde sentido.

El ego pertenece a una categoría mental, a diferencia del Ser que se relaciona con nuestro espíritu, con la parte nuestra que trasciende la existencia material. El ego se construye de pensamientos, la mente separa, clasifica, define, desde ahí interpretamos la “realidad”, podemos configurar lo que vemos, oímos, sentimos, los datos que nuestros sentidos nos entregan. Y por tanto, como toda construcción mental es susceptible de cambio, de apertura e iluminación, el ego es una categoría abierta que cambia a cada instante, decir yo no significa lo mismo que hace 10 años atrás, ni siquiera desde ayer soy la misma, ahí está la maravilla de poder crecer y entender en distintas etapas, y ahí mismo asoma lo absurdo de quedarnos pegados con identificaciones que no dan a basto para expresar lo que somos.

El ser, por otra parte, tiene un carácter más esencial, es inmutable, pues es la parte nuestra que nos conecta a todo lo existente, es lo que nos hace divinos y eternos. Sin embargo, la evolución humana supone una existencia concreta, por algo decidimos encarnar, de lo contrario nuestro espíritu andaría por ahí flotando, seríamos incorpóreos, y por tanto se hace necesaria una instancia desde la cual pronunciarnos; el ser para poder manifestarse necesita nuestra personalidad, de lo contrario no podría expresarse, necesita que seamos capaces de decir “YO”, pero a la vez necesita que ese yo sea un canal para trascender y no una armadura para defendernos de la vida.

El problema es cuando el ego acapara todo el protagonismo, se vuelve un usurpador de nuestra identidad y deja al Ser relegado en un rincón, olvidado de su origen divino, olvidado de la esencia. Problema porque el ego proviene del desamor y la soledad y esa no es forma de vivir, o no hay corazón que aguante viviendo en la desconfianza, a la defensiva, con miedo.

Andrea Garcia Portaluppi
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Imagen: You are me by Weichuan Liu 
Montaje de Imagen: Manny Jaef 
@alejodorowsky en Twitter

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