viernes, 7 de noviembre de 2014

Niveles De Vida (Capítulo Sólo Para Mutantes) {4. Transmutación}


La araña-mosca se da cuenta de que la luz que la habita no le pertenece. Ella es tan sólo una humilde servidora y esa brillante energía es su dueña.

Quien acepta la transformación interior hace que la Consciencia que lo habita también exista en los otros.

Un grano de arena decide dar un paseo por el desierto del Sahara. Después de rodar un poco, se dice inquieto a sí mismo: «Tengo la impresión de que alguien me sigue».

Al adquirir Consciencia de los otros, en este nivel de la transmutación el yo me transformo se convierte en yo te transformo. «Transmutar» significa convertir algo en otra cosa. Éste ha sido el ideal de los antiguos alquimistas, que elevándolo a meta suprema -Magnum opus (Gran Obra)- buscaban obtener la Piedra filosofal, una sustancia que tendría la virtud de convertir los metales viles (plomo, mercurio, cobre, etc.) en oro puro. Sin embargo, místicamente la Piedra filosofal simboliza la transmutación de la naturaleza animal del hombre en naturaleza divina. El hombre transformado en Piedra filosofal desarrolla cualidades espirituales que transmite a los demás, puede prevenir y curar enfermedades o prolongar la vida humana más allá de los límites que creemos naturales.
En este nivel nos preguntamos: ¿A quiénes estoy ayudando? ¿He creado campos de trabajo para los otros? ¿He proporcionado ideas constructivas? ¿He apoyado emocionalmente a los que sufren? ¿He comenzado a cambiar al mundo? ¿Me preocupo de la educación infantil, de la manera sana en que las mujeres deben dar a luz, de crear una moral no basada en prejuicios sexuales o en la exaltación de la propiedad privada? ¿He dado compañía a un moribundo, ayudándolo a morir en paz? ¿Lucho por la salud de todos los seres vivientes y del planeta?
En el nivel de la transmutación, el servir, acompañar y salvar es esencial. Si el mundo va mal, no sólo debemos poner en práctica un arte que cure, sino también negocios que curen, edificios que curen, políticas que curen, periódicos que curen, filosofías que curen, alimentos que curen, juegos que curen.

Si tienes algo justo que decir, dilo en el mundo. Si no puedes decirlo en el mundo, dilo en tu país. Si no puedes decirIo en tu país, dilo en tu ciudad. Si no puedes decirIo en tu ciudad, dilo en tu casa. Si no puedes decirIo en tu casa, dítelo a ti mismo.
Proverbio sufí

En esta Gran Obra, el creador de sí mismo actúa con delicadeza y dignidad. Sabe que la mayoría de las personas que frecuenta no están en su nivel. Entonces, paciente, perseverante, siembra sus conceptos, sus sentimientos, sus creaciones, sus acciones, sin dejarse jamás arrastrar hacia una negativa persistencia. Con un amor sin límites, sin odio, sin violencia, compasivamente, propone: «Esto deberíais cambiarlo. Deteneos. Entrad en vosotros mismos. Buscad vuestra joya interior. No deis excusas para explicar vuestro estancamiento. ¡Valor!».
Transmitimos el cambio porque sabemos cómo hemos llegado a él. Nos hemos dado cuenta de que mientras no captemos la existencia del otro poniéndonos en su lugar, toda pareja, familia u obra que creemos llegará como mucho a una satisfacción narcisista, pues los demás sólo existirán como pantallas de proyección de nuestros egos. La frase «No quiero nada para mí que no sea para los otros», se hace lema.
En este nivel, por nuestra sola presencia, producimos la aparición de pensamientos positivos, emociones sublimes, obras de arte sanadoras, actos constructivos. Somos lo contrario a un Atila, que «por donde pasa la hierba muere». Portamos la energía bendita: por donde marchamos, la hierba crece.

Un cuento hindú nos muestra a un elefante blanco que actúa como Piedra filosofal, transmutando a los seres. En esta historia todos los personajes son dignos, hermosos, nobles. No hay nada feo. Los antagonismos son resueltos y se encadenan de forma sabia. La obra que produce un artista consciente hace evolucionar a quien entra en contacto con ella. Las palabras de este cuento van dirigidas a quien las lea o escuche con la intención de liberarlo de su mente crítica, para transmitirle una alegría sagrada:

Quinientos leñadores viven en comunidad, acompañados de sus esposas e hijos, en un alejado bosque. Una elefanta salvaje, herida en una pata por una voluminosa espina, llega a la aldea. Inmediatamente los habitantes se ocupan de ella. Le quitan la espina y le desinfectan la herida. Como son pobres, cada familia da una parte de su comida para alimentarla. El animal sana. En agradecimiento a sus salvadores, comienza a trabajar para ellos. Al cabo de un tiempo, como estaba encinta, pare un elefantito blanco. La cría la sigue a todas partes mientras ella ayuda a los leñadores a cargar los pesados troncos.
Pasan algunos años. La elefanta, sintiéndose vieja, decide partir. Pide a su hijo que se quede en la aldea para continuar pagando su deuda. Éste acepta. La madre acude para morir a un lugar secreto, mientras el joven animal ocupa su puesto para seguir ayudando a los leñadores.
El paquidermo es de una gran belleza. Además, muy limpio. Cada vez que debe satisfacer sus necesidades, para no ensuciar el agua, lo hace en las orillas del río. Un día la corriente crece y se lleva los excrementos hacia la ciudad real. Llegan allí justo en el momento en que han llevado a bañar los mil elefantes del monarca. Éstos, al ver las heces, retroceden porque sienten que son la obra de un ser superior. El guardián de la manada, un hombre de sensibilidad extraordinaria, observa que esa materia no es impura. La recoge y la disuelve en el agua donde se bañan los elefantes. El excremento así disuelto se hace fragante como el incienso y todos los paquidermos salen del remojo perfumados. Enterándose de esto, el rey se maravilla y desea fervientemente poseer al elefante misterioso. Sale de su palacio, seguido por cortesanos y guerreros, y remonta el río para encontrarlo. Llega a la aldea de los leñadores. Éstos se preguntan por qué el rey en persona ha venido a comprarles madera. Él pide ver al elefante. Se lo muestran. El rey entra en éxtasis. Lo quiere para él con toda su alma. Igualmente, cuando el elefante ve al soberano entra en éxtasis, pero con tristeza le dice:
-Majestad, vos sois el amo que yo querría tener. Pero es imposible: estoy comprometido. No puedo abandonar esta aldea tan pobre. Necesitan mi ayuda. 
El rey le responde:
-Pagaré a cada uno mil monedas de oro por tu libertad. 
-Está bien, pero no es suficiente. Tendríais que darles alimentos durante algunos años, ropas nuevas y cabañas con techos impermeables, así como proteger a sus mujeres e hijos. 
El monarca, ansioso por llevarse al elefante, acepta y otorga todo cuanto éste acaba de solicitar. El animal lo sigue porque se siente liberado de su deuda.
Llegado al reino, el elefante blanco se convierte en el juguete del rey, luego en su cabalgadura oficial, luego en su amigo y por fin en su alma gemela. El soberano le concede la mitad de su reino. Gobiernan juntos.
La reina anuncia que está encinta. En ese momento, el rey fallece. Sus ministros deciden no decírselo al elefante, por temor a que muera de dolor, y lo llevan al bosque para que viva lejos del palacio.
Un rey vecino, enterándose de que el reino no tiene dueño supremo, decide atacarlo. Llega con su armada a la frontera. Desde ahí proclama su declaración de guerra. Los ministros le responden:
-Aún no sabemos si la reina va a dar a luz un niño o una niña. Si es mujer, nos rendiremos, porque no tendremos rey. Si nace un hombre, aceptaremos la guerra. Esperad a que la reina alumbre. 
El rey enemigo responde:
-Concedido. Retendré a mis tropas hasta el momento del parto. La reina da a luz un hijo. El reino, entonces, debe declarar la guerra. Los consejeros acuden a ver al elefante blanco, llevándole al niño. Delante del recién nacido, el elefante entra en éxtasis, como ya antes le sucedió con su padre. Los consejeros le confiesan:
-No te dijimos que tu amigo había muerto para no destrozarte el corazón. Ahora no puedes dejarte morir de tristeza porque la vida de este ser está en peligro. O bien defiendes el reino y salvas al pequeño o bien lo aplastas con tu pata antes de suicidarte. 
El elefante parte a la guerra. Es tan poderoso que captura al rey enemigo y lo lleva ante los ministros. Éstos exclaman:
-¡Que muera! 
El elefante se interpone:
-¡No! ¡No lo mataremos! ¡Lo dejaremos en libertad! -y dice al rey-: Ahora ya sabes que este reino tiene un rey. Acéptalo y deja de molestamos. Vuelve a tu territorio y goza de lo que tienes, que es bastante.
El rey, al verse libre, agradece este gesto y nunca más ataca a sus vecinos. El niño crece con su amigo elefante, se convierte en un rey noble, muere iluminado y se va al paraíso con su blanco paquidermo.

Continuará...

∼✻∼
Consejos de Alejandro Jodorowsky, en Cabaret Místico” 

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