domingo, 9 de noviembre de 2014

Niveles De Vida (Capítulo Sólo Para Mutantes) {6. Regresar}


Como en el primer nivel, la araña espera a la mosca, pero ahora no se oculta sino que se muestra sin voracidad. La mosca, llegado su momento final, vuela directamente hacia la telaraña.

La transformación, la transmutación y la adoración han dado a la realidad un baño de felicidad. La caza se ha convertido en una danza donde la muerte continua es acompañada del nacimiento continuo. Cuando alcanzamos la impersonalidad del Yo esencial, de golpe volvemos al individuo que habitaba en un mundo persistente. Parecemos ser otra vez un humano común con su Yo personal, sumergido en la vida cotidiana. Sin embargo, hay una gran diferencia: todo vuelve a ser igual, pero sin angustia. Aceptamos agradecidos ser lo que somos. Nada que eliminar, nada que agregar. Podemos discernir qué es auténtico y qué es falso, y con una certeza indestructible sabemos que lo engañoso, si nos negamos a darle importancia, siempre termina por esfumarse, como una pesadilla. El mal que llega, condenado tarde o temprano a derrumbarse, es la simiente del bien que vendrá. Vivimos, a pesar de los golpes de la vida, en un estado de alegría perpetua. Hemos aprendido a amar el instante sabiendo que, en ese vórtice del torbellino del tiempo, los incontables contrarios paraíso e infierno, antes y después, Dios y Diablo, bien y mal, bello y feo danzan bañados en el éxtasis de la unidad. Todo cuanto hacíamos antes en la sombra lo hacemos ahora a la luz de la verdad. El competir se ha detenido. Somos capaces de reflejar al otro, su realización es la nuestra, su talento nos engrandece, su satisfacción nos colma de agrado. Los pequeños valores humanos nos parecen tan valiosos como joyas. No tenemos necesidad de exhibir diplomas ni premios, ni collares, ni medallas, ni insignias, ni fotografías de homenajes. Entre el desorden del mundo, hacemos de la simpleza nuestro amparo y de la sencillez nuestra finalidad.

-Maestro, ¿qué es el zen? 
-Es la vida cotidiana. 
-¿Cuál es su filosofía? 
-Cuando como, como. Cuando duermo, duermo.

Para los cabalistas, la palabras hebreas Tohu va vohu («caos») significan «el huevo del orden».

La Tierra Santa es invadida por Roma. Se exige a ese pequeño territorio que envíe un regalo al emperador. Los habitantes, temerosos de represalias, entregan monedas de oro hasta llenar un respetable cofre. Enseguida buscan un mensajero honrado y valiente, capaz de llevar ese tesoro al tirano. Eligen al hombre más sabio del país, un anciano que cree firmemente que todo lo que sucede, por venir de la voluntad de Dios, es para bien. Tiene un joven discípulo que lo sigue por todas partes y que no cesa de dudar. Ambos se embarcan, rumbo a Roma. De pronto estalla una terrible tempestad. El capitán dice a sus pasajeros: 
-Vamos a naufragar. Preparaos para morir. 
El discípulo exclama: 
-¡Es imposible: en este barco viaja un hombre santo! ¡Dios no puede ahogarlo porque le ha encomendado una misión sagrada! 
Los pasajeros le piden que vaya a buscar a su maestro. El discípulo baja a los camarotes y encuentra al viejo leyendo su Biblia, tranquilamente. Éste le pregunta sonriendo: 
-¿Por qué tienes tanto miedo? 
-Pero Maestro... estamos en medio de un huracán. 
-No te preocupes, muchacho. Todo es para bien. 
-De acuerdo... De acuerdo... Pero venga a rezar con nosotros, los pobres marinos y pasajeros lo necesitan. 
-De acuerdo, iré... 
El sabio sube al puente, alza las manos hacia el cielo y exclama: -¡Dios nuestro, cúmplase tu voluntad! 
Inmediatamente, la tempestad se calma. Un pasajero se acerca al anciano. 
-Gracias por habernos salvado la vida. Soy primo del emperador. Si tuviesen necesidad de mí cuando estén en Roma, no duden en llamarme. 
A pesar de que el mar ha vuelto a estar calmo, el sabio padece un fuerte mareo. Al llegar al puerto, sus molestias continúan. El discípulo se inquieta. Pero el anciano le responde: -No te preocupes. Todo es para bien. 
Van a una posada. Dejando el cofre en la bodega, el sabio, enfermo, se dispone a dormir. El joven, para acompañar a su maestro, hace lo mismo.

El posadero y su mujer entran en la bodega y abren el cofre. Al ver las monedas de oro, se apoderan de ellas y colocan en su lugar tierra que extraen del jardín. 
Al día siguiente, el sabio se siente mejor. Decide llevar el tesoro al emperador. Va con el discípulo a la bodega. Cuando levantan el cofre, el muchacho exclama: 
-¡No tiene el mismo peso! ¡Tenemos que abrirlo, Maestro! 
-De acuerdo. 
Abren el cofre y descubren que está lleno de tierra. El discípulo se angustia. Con toda calma, el sabio le dice: 
-Son los propietarios de la posada quienes han robado el oro, pero van a negarlo. Nunca sabremos dónde lo escondieron. Si Dios quiere que sea así, así será. Como somos extranjeros no creerán que perdimos un tesoro. Llevémosle entonces este cofre lleno de tierra como ofrenda al emperador. No te preocupes. Todo es para bien. 
El emperador los recibe amablemente. Seducido por la belleza del cofre, lo abre y descubre, estupefacto, su contenido. Se encoleriza. 
-¿Cómo? ¡Sólo me traéis tierra como ofrenda? ¡Infames! ¡Esta noche dormiréis en la cárcel! ¡Mañana, al alba, os cortarán la cabeza! 
Se los llevan presos. Mientras el discípulo se lamenta, el sabio le dice, como de costumbre: 
-No te lamentes. Si Dios lo quiere así, así será. Todo es para bien. 
Mientras están en la cárcel, el primo del emperador visita a éste y le dice: 
-Primo mío, no cometas un error. Conozco a ese anciano. Hemos viajado juntos en el mismo barco. Es un gran mago. Con una sola plegaria hizo que el furioso océano se calmara. Me salvó la vida. No lo decapites. Espera. ¡Quizá esta tierra que trae de su país tenga poder! 
El emperador le responde: 
-Precisamente hay un enorme ejército de bárbaros atacando los muros de la ciudad. No tenemos bastantes soldados como para rechazarlos. Mañana, quizá, estemos todos muertos. Vamos a utilizar esta tierra contra ellos. Veremos qué sucede. 
Se abren las puertas de la ciudad. Sale un cortejo acompañando al emperador. No llevan armas. Avanzan hacia los bárbaros... Éstos, curiosos por saber por qué el emperador osa mostrarse sin ninguna defensa, permiten que se acerque. Ven entonces al soberano abrir un cofre, tomar puñados de tierra y lanzados hacia ellos. Los feroces guerreros, aterrorizados por ese polvo misterioso, escapan en tremendo desorden. 
El emperador regresa a su palacio, cargando el cofre. 
-¡Es una tierra asombrosa! ¡Sembró el pánico entre los bárbaros! 
¡Esos dos extranjeros, en verdad, son magos! ¡Traédmelos! 
Cuando el sabio y su discípulo llegan ante él, los cubre de joyas y les devuelve la libertad. 
Mientras van en el barco, de regreso a su país, el sabio dice: -¿Viste? Todo fue para bien. 
El discípulo refunfuña, sintiéndose culpable: 
-No fue todo para bien. Nos convertimos en estafadores. El emperador nos dio joyas, pero nosotros no le dimos a cambio nada de valor. Sólo un poco de tierra. 
-Dios sabe lo que hace. No va a ser una estafa. Ya lo verás... 
Tiempo después se enteran de que el posadero y su mujer, habiendo oído que la tierra de su jardín hacía milagros, habían ido a ver al emperador cargados con un saco lleno. 
-Majestad, nuestro jardín contiene toneladas de esa tierra mágica. Se la venderemos a buen precio. Aquella que le ofrecieron en el cofre, nosotros la pusimos a cambio de estas monedas de oro. Vea... 
Y vaciaron el tesoro ante los pies del soberano. Al ver esto, el emperador exclamó, iracundo: 
-¡Ladrones! ¡Cortadles de inmediato la cabeza!

Esta historia procede de la tradición hebrea. Y el mismo tema lo trata la islámica de esta forma:

De pronto, en una pequeña aldea, mueren todas las gallinas. Los habitantes van a ver al sabio del poblado y le piden su opinión. Responde: 
-En cierta manera, eso es bueno. 
-¿Cómo? ¿Es bueno que se mueran nuestras gallinas?
-Es bueno, eso es todo lo que os puedo decir. 
Algunas horas más tarde, los perros caen al suelo, paralizados. 
Los aldeanos vuelven a ver al sabio. 
-¿Es bueno que los perros parezcan de piedra? 
-Sí, es bueno. 
Los habitantes regresan a sus hogares dudando cada vez más de la claridad mental del viejo. Al anochecer, cuando están preparando la comida, los fuegos de las cocinas se apagan. Corren a ver al sabio. 
-Si todos los fuegos se apagan, no nos digas que es bueno. ¡Es una maldición! 
-Insisto, es bueno. 
-¡Viejo loco, has perdido la cabeza! ¡Ya no te respetamos! 
En ese momento se escucha el ruido atronador de un tropel de caballos. Una banda de asesinos pasa por ahí. Se detienen en el centro de la aldea. Su jefe observa: 
-No hay una sola gallina, ningún perro, no sale humo de las chimeneas. Esta aldea no está habitada. Vámonos. 
Y es así como los aldeanos se salvan de ser masacrados.

Fin

∼✻∼
Consejos de Alejandro Jodorowsky, en Cabaret Místico” 

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