jueves, 12 de junio de 2014

La Danza De La Realidad De Alejandro Jodorowsky

En una playa chilena, una repentina marejada deja miles de peces a los pies de un niño. Una enorme parvada se aproxima para regocijarse. El pequeño no sabe si sufrir por las sardinas que se sacuden y mueren a su alrededor, o alegrarse por las gaviotas. Pero antes de cumplir su objetivo, las aves son ahuyentadas por un grupo de gente hambrienta. El niño corre a los brazos de un viejo que lo abraza.

“Al final,” –narra una voz en off– “la balanza se inclinó hacia la angustia, cuando las gaviotas fueron privadas de su banquete”. La voz es del director y guionista de La danza de la realidad, Alejandro Jodorowsky. El viejo es Alejandro Jodorowsky. El niño interpreta a Alejandro Jodorowsky

Es de esta manera, visualmente cautivadora e impactante, que el octogenario autor nos presenta la libre adaptación de los episodios de la infancia de su autobiografía. Para ello, Jodorowsky regresó a su natal pueblo de Tocopilla, que no había visitado desde que lo dejó a la edad de 10 años.

Estamos en el mundo del autor. En su mente. En su subconsciente. En su delirio y reflexión. El filme es contado con un surrealismo desbordante, cargado de simbolismos, colores y música alegre que contrasta con las desventuras, como parte de un sinfín de creativos elementos narrativos. “Una trama de sufrimiento y placer”, como dice la voz en la película. Es también el retrato de un país en plena crisis económica, bajo una férrea dictadura. Son los años 30s en Chile.

Pero el personaje central no es Jodorowsky. Es su padre, Jaime, quien en la película es interpretado por Brontis Jodorowsky, hijo del realizador cinematográfico. En esta fusión de realidad, memoria, ficción y ensoñación, el nieto interpreta al abuelo.

Jaime es un recalcitrante comunista que idolatra a Stalin. Que se viste como Stalin. Que viste a su hijo como Stalin. Y esa sería la menor de las brutalidades de este hombre –lleno de contradicciones– hacia su sensible vástago.

La imaginativa y alucinante película incluye la ineludible provocación del autor hacia su público. Desnudos frontales –femeninos y masculinos–, fluidos corporales, imágenes de tortura o la sugerencia del incesto, alternan con imaginería y humor desbordante o fatalidad. Como la efímera felicidad por unos zapatos rojos y su terrible desenlace, o la hilarante reunión de comunistas y anarquistas en una biblioteca.

Como espectadores, cada uno puede apreciar de diferente manera la forma en que los creadores fílmicos visitan su pasado. En Días de radio (1987), la voz de Woody Allen narraba: “La escena es Rockaway. La época es mi infancia. Es mi viejo vecindario. Y disculpen si tiendo a idealizar el pasado. Vaya, no siempre estaba nublado y mojado por la lluvia como está ahorita. Pero así es como lo recuerdo. Porque así estaba en su expresión más hermosa”.

En su caso, Jodorowsky está lejos de la idealización. Pero al enfrentarse a su propio pasado, también aprovecha la oportunidad para reconstruir aspectos de su familia. Ante la ilusión frustrada de su madre de ser cantante de ópera, en la cinta el personaje habla cantando. Ante el profundo odio de su padre por el Dictador Carlos Ibáñez, en esta historia le brinda la oportunidad del magnicidio.
Si bien cada uno de nosotros podrá encontrar referentes fílmicos en esta película, resultan muy interesantes las palabras del propio realizador en una mesa redonda en el Festival de Cannes 2013, recopiladas por el periodista Fred Topel para CraveOnline

“La cosa es así. Si pones un enano, ya eres Buñuel. Si pones una mujer con enormes senos, eres Fellini. Si pones a una persona con deformidades, eres Tod Browning. Si hablas de tus recuerdos, Amarcord. Mis películas son totalmente nuevas. No soy similar a nadie en la historia del cine. Es la realidad, no es ego. Pero la mente necesita tener una referencia. Más tarde dirán, ‘Ah, esto es Jodorowsky’. Pero yo estoy creando algo nuevo. Con éxito o sin éxito”.

Alejandro Jodorowsky llevaba poco más de 2 décadas sin filmar, desde The Rainbow Thief (1990). La danza de la realidad se presentó en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes en 2013. En México, el estreno tuvo lugar en el Festival Internacional de Cine de Morelia, donde el artista fue el invitado de honor el año pasado. El filme también formó parte de la más reciente Muestra Internacional  de Cine de la Cineteca Nacional. Elogiada en todos los foros donde ha sido exhibida, La danza de la realidad finalmente llega a nuestras pantallas comerciales.

“Helado, helado, helado” –grita un vendedor por las coloridas calles de Tocopilla–, “hay de agua, tierra y fuego”. Y eso, ni más ni menos, es lo que descubrirán en la película.

Por Carlos Del Río 




No hay comentarios:

Publicar un comentario