miércoles, 26 de noviembre de 2014

La Palabra Esencial: Antonio Porchia Y Sus “Voces”


«No podría señalar de quién estoy hecho». Nacido cerca de Catanzaro, Italia, este autor de adagios —en el doble sentido de sentencia breve y composición lenta— llega en 1902 a Buenos Aires, ciudad que no abandonará durante el resto de su vida. Trabaja como carpintero, tejedor de cestas, obrero portuario, impresor. En el curso de su anónima existencia, apenas entabla amistad con algunos pintores y unos cuantos libros. En 1943, publica Voces, título genérico de sus mensajes; cinco años más tarde, un ejemplar de la segunda edición llega a manos de Caillois, quien lo traduce al francés. El libro no dejará de ampliarse, reimprimirse y traducirse durante décadas, incluida la edición francesa de 1979, con prólogo de Borges y epílogo de Juarroz. «Voces es casi una biografía», declara en 1964. «Jamás digan que escribo aforismos. Me sentiría humillado». Sin embargo, ni siquiera Borges encontró otra palabra para designarlos. ¿Cómo denominar si no a esos enunciados que parecen disolverse en su engañosa evidencia? La parquedad de Porchia tiene la asombrosa cualidad de evocar infinidad de registros: filósofos presocráticos y estoicos, maestros taoístas, trágicos griegos, místicos alemanes, moralistas franceses... Podemos imaginarlo perfectamente mordiéndose los labios mientras escribe: «Todos mis pensamientos son uno». Sorbos de sabiduría perenne, flores de arisco cultivo, actas notariales de un lacónico y repetitivo diálogo interior.

Borges: «Los aforismos de Porchia no son un final, sino un principio. Podemos sospechar que los escribió para sí mismo, sin saber que trazaba para los otros la imagen de un hombre solitario, lúcido y consciente del singular misterio de cada instante». Breton: «El pensamiento de expresión más dúctil en lengua española», Jodorowsky: «Porchia, sabio y poeta, alcanzó la santidad del lenguaje». Juarroz: «Cada vez que regreso a su obra, reaparece con toda su fuerza la vieja palabra ya casi en desuso: sabiduría. Porchia está en la línea fundamental donde se juntan el pensamiento y la imagen, la filosofía y la poesía». Pizarnik: «El libro de Porchia es el más solitario que se ha escrito en el mundo y, no obstante, me hizo sentir acompañada, o mejor dicho, amparada». Caillois: «Sus pensamientos no son ideas, y apenas son pensamientos, no revelan lógica ni psicología, sino más bien metafísica, y una metafísica en la que es preciso adivinar más que comprender». Saubidet: «Su pensamiento excluye la esperanza, pero no es desesperado». Badii: «Cada golpe se convertía, tras años de meditación, en una breve frase de sabiduría. Las voces de Porchia son autobiográficas minuto a minuto. Decía que todo el conocimiento se condensa en veinte palabras».

Fuente (Texto): El Estado Mental 

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